La música armoniza tu vibración
- Estudio Ruiz&Hayd
- 27 may 2024
- 3 min de lectura
Actualizado: 12 nov 2025
La vibración de un instrumento musical llega hasta lo más profundo de nuestro organismo: es una medicina para el cuerpo y un bálsamo para el espíritu.

La salud no es solo una cuestión física o biológica, sino también psicológica, social y espiritual.
Desde un punto de vista holístico, podemos tener migraña y estar tristes, podemos tener dificultad y tensiones al tratar con una determinada persona, y podemos sentir que nuestra vida carece de sentido.
Necesariamente nuestra salud depende del cuidado de todas estas dimensiones. Y solo cuando consideramos esta definición de la salud como algo integral, la idea de una “música que cura” cobra sentido, pues nos afecta a todos los niveles:
La música es sonido, o sea, energía, y produce un impacto directo en nuestro sistema biológico.
La música es “el lenguaje de las emociones”, como dijo Kant. Afecta directamente al sistema límbico, la parte del cerebro donde se gestionan las emociones.
La música es un “lenguaje universal”, nos permite comunicarnos no verbalmente con los demás.
A través de la música podemos alcanzar estados modificados de conciencia, contemplativos.
MUSICOTERAPIA, UNA HERRAMIENTA QUE NOS EQUILIBRA
Para que la música sea terapéutica no basta con poner la radio mientras conducimos. Una canción que no esperábamos puede arrancarnos una sonrisa, pero no va a curarnos.
Para extraer de la música todo su potencial hay que pensar en ella como un cirujano piensa en su bisturí. Es una herramienta útil.
Como señala Anthony Storr en La música y la mente (Paidós, 2008), hasta la modernidad la música no se emancipó de su función y pasó a ser algo “puro”, algo de lo cual disfrutamos en sí mismo.
Desde tiempos inmemoriales se ha utilizado como medio para innumerables fines: hilo conductor de rituales religiosos, seña de identidad de las tribus, medio facilitador de estados extáticos o como estimulante antes de la batalla… La música tuvo, antes que nada, una función predominantemente práctica.
Y la musicoterapia, como terapia “complementaria” que goza de gran reconocimiento hoy, no es sino una recuperación de esta concepción de la música como un medio, concretamente para curar, paliar o acompañar en la enfermedad.
UNA MÚSICA PARA CADA DESEQUILIBRIO
La musicoterapia no es ponerle a alguien un CD para que se relaje. La musicoterapia hace uso de multitud de técnicas para conseguir resultados específicos con personas que padecen enfermedades concretas.
Se aplica prácticamente en todas las especialidades sanitarias, así como en el crecimiento personal.
El paciente puede tocar un instrumento en grupo como una manera de socializarse (en la educación especial); puede escribir letras de canciones para expresar lo que siente (en la depresión); puede sincronizar su paso con el ritmo de un tambor para mantener o minimizar el declive de su capacidad de andar (en el Parkinson).
Puede recitar mantras para calmar su diálogo interno (crecimiento personal); puede emocionarse y volver en sí al escuchar una música que hacía 60 años que no escuchaba pero que recuerda perfectamente (en el Alzheimer).
Puede cantar notas largas, lo que se conoce como toning, para recordar su capacidad de respirar abdominalmente y aprender de forma lúdica recursos para gestionar el estrés (en el trastorno de ansiedad generalizada); puede hacer determinados ejercicios de canto para recuperar el habla a través de la melodía (en la afasia causada por un ictus), y un largo etcétera.



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